lunes, 8 de octubre de 2007
Con trastes
Me subo en el coche de alquiler y no soy capaz de arrancar. ¡Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo! Un compañero de parking me comenta que hay que pisar el freno para desbloquear el cambio automático.
Llego al hotel, aparco y, ¡vaya! la llave no sale del contacto. Llevo el coche hasta la puerta y lo dejo, con las llaves puestas y con miedo de que me lo roben. ¡Noche perfecta! La recepcionista, una mujer unos 30 años mayor que yo, me explica que hay que hacer presión con la llave hacia el contacto para liberarla. Gracias. Creo que tengo bastante. Me voy a dormir. ¡Ah!, descubro una última cosa: En este coche, el freno de mano, se activa con el pie. Poético, ¿eh?
A partir de aquí, poco queda por contar: gran cama, grandes desayunos, gran congreso (4 días, ni más ni menos), grandes comidas, grandes calles, grandes platos, grandes precios, grandes personas, personas grandes,...
jueves, 4 de octubre de 2007
CINE: En la ciudad de Sylvia

Aunque posiblemente prescindible, esta es una película diferente. Y como casi todo lo diferente, llama la atención. Llama tanto la atención que nada más acabar, la mitad de los espectadores salieron medio corriendo
José Luis Guerín me enamoraba hace seis años con En construcción, película/documental que mostraba pequeñas historias reales alrededor de la reconstrucción del barrio barcelonés del Rabal. Lo especial de esta película era, como he dicho, que dichas historias eran reales (no de realeza, sino de realidad). Si no la han visto, no lo duden, ¡háganlo!, por favor.
Seis años después, ni más ni menos, el bueno de José Luis nos regala una película con aproximadamente unos cuatro diálogos. No está mal, seis años para un guión de cuatro diálogos (o quizás eran tres, sin exagerar). Esto es lo que indigna a la gente. El problema de una película tan poco explícita es que requiere imaginación. Y eso creo que es lo que pretende Guerín.
Si en En construcción nos sentíamos un poco testigos de lo que le sucedía a unas cuantas personas, en En la ciudad de Sylvia, yendo más allá, es inevitable sentirse un voyeur. Así pues, te introduces en la mente del protagonista y no dejas de observar, mirar, espiar, etc. Bueno, creo que si sigo escribiendo la voy a explicar entera, que no es difícil.
Conclusión: A aquell@s que decidan ir a verla, tendrán una orgía de imágenes y sonidos. Vayan a disfrutar de algo distinto, no de un guión, no de una película. Más bien, de una experiencia. Luego, juzguen.
Nota: B (porque no existe A-)
martes, 18 de septiembre de 2007
ÓPERA: Norma

Hace unos meses tuve mi primera experiencia con un género musical que sólo conocía de oídas. Quizás por desgracia, quizás no, el bel canto no llega a todos, o como mínimo, eso parece. No se si la oferta no es suficiente o simplemente la gente prefiere las artes un poco más terrenales, quizás un poco más accesibles, y la oferta, ya vale.
Iba yo pues al maravilloso Liceu de Barcelona, a ver una obra recomendada por alguien con un poco más de experiencia en el tema. Aunque autodeclarado inexperto, tod@s merecemos una oportunidad. Norma era una obra en principio "fácil" de disfrutar (por un/a novat@), no extremadamente larga (por si se hacía pesada). En fin, un blockbuster, digamos.
Supongo que sería muy fácil decir de una obra que lleva representándose años y años y años, que es una maravilla. La verdad es que si no sabes de algo, lo mejor es opinar como los que saben. Así, no te llevas un "corte". Pero yo no voy a juzgar la obra. Sólo les hablaré de mis impresiones.
Comienza la obra y yo, no lo voy a negar, estaba emocionado y a la vez deseando disfrutar. Claro, ¡imaginen ustedes que no me gusta! Y ¿qué digo? entonces. En fin, primeros compases de la orquesta. Me gusta, pero eso ya lo sabía. La música de orquesta en directo es uno de esos grandes placeres que no se puede explicar. Entonces, como un instrumento más, pero no como otro instrumento más, se escucha una voz. En ese momento se me pusieron los pelos de punta. Si bien hay instrumentos que me gustan más que otros, en una orquesta, la sensación que da escuchar una voz (en directo) es impresionante. Bueno, como mínimo, para mí. Pruébenlo. Pruébenlo. Para mí, esto fue más que suficiente: disfrutar de la novedad. Aunque me gustaron otras cosas, esta sensación fue con la que me quedé. Una sensación sensacional.
No voy a hablar de los intérpretes, ni de la orquesta, ni de la puesta en escena, ni de la historia. Porque no tengo nada con qué comparar. Lo único que puedo compartir con ustedes, siendo lo más objetivamente subjetiv@ y sin inventarme nada son mis sensaciones. Así que aquí las tienen.
Conclusión: Extremadamente recomendable. Prometo repetir y mantenerles informad@s.
Nota: A (noche mágica)
viernes, 14 de septiembre de 2007
Top secret
Cuando alguien te confía un secreto, en cierto modo, te provee de un don. Sabes algo que nadie más conoce. A primera vista, parece que sea un regalo, un tesoro. Pero realmente es una maldición. No hay nada peor que un secreto. Si bien parece que el ser humano (en general) gusta de poseer lo que otros no poseen, esto sólo se llega a disfrutar si aquellos son conscientes de ello (recuerden el chiste del náufrago y Claudia Schiffer). Así pues, la gracia de un secreto es, a parte de la confianza mostrada por el confidente (valga la redundancia), que sólo lo posees tú . Y la desgracia, es que no puedes decirle a nadie que lo tienes, ya que perdería su naturaleza de secreto.
Así pues, como a Cassandra, cuando te confían un secreto, te aportan un don y a su vez una maldición. Y por esto, a veces me pregunto ¿quién quiere un secreto?
jueves, 6 de septiembre de 2007
Ancestral instinto
Vas por la carretera, en coche, y de repente, de circular de manera fluida, parece que hay problemas de tráfico. ¡Vaya! ¿operación retorno? ¿peaje? No. Un poco más adelante ves unas sirenas, bien policía, bien ambulancia, bien bomberos, bien grúa, bien mal.
Caminas por la calle y ves una ambulancia, y unas cuantas personas alrededor. Unas cuantas. ¿Ayudando? No creo que haga falta, ¿no? Alguien debe haber llamado a la ambulancia ya. Seguro.
Algunos animales, cuando ven un cuerpo (de otro animal) tendido en el suelo se acercan, lo huelen, da la impresión que lo clasifiquen: comida o no-comida. Si está vivo, adiós. Si está muerto, ¡Adiós! La naturaleza funciona así, o como mínimo, parece comportarse así. Tiene cierta lógica.
Y claro, el ser humano, el primero de todos los animales, cuando ve (o intuye) un cuerpo en el suelo, también se acerca. Dicen que es curiosidad o morbo. Pero es un morbo que choca con el gesto de taparse la vista ante una imagen desagradable. ¿En qué quedamos? ¿Queremos verlo o no? Si no paramos para ayudar, ¿para qué lo hacemos? Quizás (sólo quizás) hay ancestrales instintos que nuestro evolucionado orden social no nos ayuda a eliminar. ¡Carne!
Por favor, ¡circulen!
lunes, 27 de agosto de 2007
CINE: Caótica Ana

No sé por qué pero cada vez que veo una película de Julio Medem, me voy con una cierta impresión de déja vu. No es que sus películas sean todas iguales. Más bien es algo un poco más allá, algo como "la firma Medem". Esto, que no me pasa con otros directores supongo que es debido a que me siento identificad@ con dicha firma. Así que, por favor, no lo tomen como crítica, ni como alabanza, sino más bien como todo lo contrario. Conste pues, que Medem ha hecho una o dos de mis películas preferidas, entre estas, Los amantes del círculo polar, la cual no me canso de revisitar, y revisitar, y revisitar...
Es curioso lo que provoca Caótica Ana en la gente, o como mínimo, a l@s que estaban en mi sesión. Tuve una impresión muy rara en cuanto se encendieron las luces. Los espectadores se quedaron totalmente callados. Todos. Ni una palabra de gusto ni de disgusto. Mirándose un@s a otr@s, parece que, digo yo, esperando una segunda opinión. O más bien, una primera.
Medem utiliza la caótica mente de Ana, la cual contiene muchas sorpresas sin descubrir, para presentar una historia mucho más grande. Una historia relacionada con la historia y con la humanidad, con las mujeres y con los hombres, con los hombres buenos y con los hombres malos.
Yo, debo reconocer que disfruté de la película. Sin ser una obra maestra, la historia me interesó y me gustó el modo en que se explica. Aunque me pareció una película fresca, también debo decir que me despistó un poco. Hay momentos en que no tenía claro qué me querían explicar. No tenía claro cuál era el objeto de la película. En este sentido, y sólo en ese, la veo un ligeramente difusa.
Los personajes, creo que son bastante creíbles. Me gustó la protagonista, y me sorprendió la cantante Bebe, todo y que (no por culpa de ella) no me gustó mucho su papel. Demasiado feminista, quizás. O demasiado machista. O quizás todo lo contrario. Pero demasiado algo, para mí.
Conclusión: dice Linda (Bebe) que todas las mujeres son unas putas y los hombres unos violadores. No sé, la verdad. Me da la impresión que es algo que se da por hecho en la película y a mí, no me acaba de convencer.
Nota: B (Me gusta y creo que siempre me gustará la poesía de Medem)
domingo, 19 de agosto de 2007
CINE: Grindhouse: Planet terror

De vuelta de vacaciones (disculpen el temporal abandono) me pasé hace un par de días por el cine. No olvido que les debo dos o tres entradas que añadiré los próximos días, pero por el momento, hablemos de esta última película.
Planet terror es una de las dos películas (una en USA, pero dos en España. Vete a saber porqué.) que nos presentan Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, revisión y homenaje a aquellas películas de zombies de serie Z de los años 70. Dicen, los que han podido ver ambas entregas, que es mejor la de Tarantino (Death proof). Supongo que por eso habrán estrenado primero esta. Pero ya se verá...
Lo cierto es que es difícil, viendo esta película, no pensar en The Rocky Horror Picture Show. Si bien, aquella parodiaba las películas de miedo de los 60 y 70, y Planet terror no intenta llegar a ser parodia, sino más bien, como ya he dicho, a homenaje. Así, mientras para algun@s estamos ante una mala, mala película, para l@s que ven un poco más allá, podemos estar ante una película de culto. Ya se verá. Tiempo al tiempo.
Lo cierto, es que es un cúmulo de tópicos, pero eso es precisamente lo que se pretende. Lo cierto, es que parece que esté rodada con calidad un poco retrógrada, pero eso es lo que se pretende. Lo cierto es que habrá mucha gente que la encontrará altamente prescindible, pero otros entenderán lo que pretende, y eso es lo que pretende. En fin, nada pretenciosa.
A mí, me gustó, supongo que porque he visto bastantes películas de zombies de serie Z, y me trajo recuerdos. Los actores, creo que no sobreactúan en ningún momento, cosa que sería muy fácil (una stripper con una metralleta sustituyendo a su pierna cortada, ya me dirán si no merece un óscar).
Conclusión: En treinta años, ¿se harán parodias de las películas basadas en comics que hoy copan las carteleras de nuestros cines? ¿Por qué no?
Nota: Z (bueno, mejor le daré una B, a la espera de la segunda entrega)