
Una vez más, la traducción de un fantástico título en inglés al castellano es pésima. En este caso, lo peor de la película. ¿Por qué? No podrían haberlo traducido como "Habrá sangre", o mejor incluso, "Correrá la sangre". Ya que tenemos una expresión para ello, usémosla. Pero quizás suene demasiado violento, ¿no? Pues bien, seguro que los traductores de títulos tienen mejor criterio el señor Paul Thomas Anderson, que ha dirigido grandes películas como Boogie nights, Magnolia o Punch-drunk love. O no.
Si el señor Anderson es un directorazo, Daniel Day-Lewis, estarán de acuerdo conmigo que es un actorazo. Así que, si encima, la historia tiene gancho y el resto de actores acompañan, el entretenimiento está asegurado. Sólo un pero: sus 158 minutos. Riesgo para impacientes y para aquellos de sueño fácil. Pero vale la pena el esfuerzo.
La película muestra la historia de dos personas: un ambicioso perforador petrolífero, que comienza desde cero y consigue triunfar, y el joven ambicioso predicador del pueblo donde perfora el primero. Así, la película nos habla de la ambición, de lo que podemos llegar a hacer en favor de ésta y de las consecuencias finales que nos puede traer. Hasta aquí puedo leer.
Conclusión: ¡Correrá la sangre!
Nota: A (muy recomendable, si se puede evitar, no en sesión matinal)


